Hevea brasiliensis

Seguramente uno de los mayores placeres de esta vida sea poder disfrutar de un buen whisky escocés en un lugar tan incómodo y apestoso como el río Amazonas.

Cada tarde era mi placer diario en cubierta. Sentado en una cómoda silla reclinable de madera de caoba, protegido por la tela antimosquitos, y deleitándome con una buena pieza de música de mi gramófono, el mundo discurría alrededor pero yo me sentía flotando sobre él.

Nuestro navío, tenía más de cuarenta metros de eslora y era, seguramente, el más avanzado de su tiempo. Un Barco capaz de sumergirse en las oscuras aguas del río Amazonas y recorrer cientos de kilómetros sin ser descubierto. Impulsado por unas gigantes calderas de vapor que abastecían de energía a las potentes turbinas impulsoras.

Cualquiera que pudiera estar contemplando el avance de tan singular invento desde la orilla pensaría irremediablemente en una enorme bestia marina de la que huiría sin demora por miedo a ser devorado.

animales marinos

Desde la orilla Anohue contemplaba el gran río. El estruendo habitual de los pájaros en las dos orillas componían una maravillosa música que a él le encantaba escuchar . Ahora apenas había sonidos en el río. Sólo ese desconocido ruido monótono  cada vez más audible, que denotaba el algo o alguien se acercaba hacia su territorio.

En su mente aparecían todavía recientes las imágenes de la noche anterior. Si hubiese conocido la fotografía o el cine, diría que estaban impresas como daguerrotipos en su retina. Pero no conocía estos avances de la técnica.

Como cada luna nueva, todos los habitantes de la aldea se reunían en torno al fuego. Toda la aldea, sentada en el suelo con las caras decoradas según la tradición esperaban expectantes su turno para beber el Xacta, la bebida de otro mundo. Esta bebida de sabor amargo, que le habría recordado al sabor del whisky de haberlo conocido, sólo podía ser preparada por el chamán y favorecía el entendimiento y la comunicación con sus ancestros.

Anohue miró con una mezcla de temor y emoción a los ojos enrojecidos del chamán. Era su turno. Cogió ceremoniosamente el cuenco con las dos manos y bebió un sorbo del brebaje. El sabor no era agradable. El chamán con los ojos fijos en él le conminó a beber más. Anohue obedeció, era un adulto. Cuando terminó pasó el cuenco al joven a su lado.

Siguió contemplando el fuego, oyendo la voz del chamán  y los cantos del grupo. Pero todo comenzó a transformarse.  Durante las siguientes horas se introdujo en el mundo mágico de sus ancestros y habló con ellos.

A la mañana siguiente el fuerte dolor de cabeza y la sensación de vacío y náuseas en su estómago, se mezclaban con la claridad de las imágenes en su memoria. Sabía lo que debía hacer.imagen camaleón

Como jefe de expedición, yo tenía muchas responsabilidades que atender a lo largo del día. Desde que comenzó la loca idea de Mr. Arthur los últimos meses de preparativos habían sido demasiado intensos para un hombre como yo amante de los placeres sosegados de la vida.

Mr. Arthur, un rico comerciante de la capital había conocido los trabajos de un loco científico americano llamado Goodyear. Este hombre había conseguido un método para transformar una sustancia extraída de los frutos de unos árboles de la selva, en un extraño fluido azul. La azulita contenía mil veces más energía que el carbón y con un proceso inventado por él denominado bluecanización, había conseguido que un motor como el que movía nuestro barco funcionase durante cinco meses con un sólo kilo de esa sustancia.

Realmente era un invento revolucionario que transformaría la locomoción para siempre y llevaría el progreso a toda la humanidad. Y sí, porque negarlo, haría inmensamente rico al Mr. Arthur que le había comprado la patente por una cantidad irrisoria al pobre Goodyear.

Yo sólo esperaba obtener mi parte y retirarme el resto de mis días a una isla en el pacífico con una buena cantidad de dinero. El trabajo no era sencillo pero merecería la pena: Localizar en la selva estos árboles, asegurar la zona despejandola de los peligrosos salvajes y establecer una colonia para iniciar su explotación comercial.

Anohue se subió sin dificultad a uno de los gigantes árboles cercanos a la orilla. Desde su frondosa copa podría observar el gran río sin ser visto. Preparó su arco y extrajo una flecha de la funda que portaba en su espalda.

Saboree otro trago de aquel excelente whisky cuyo color, curiosamente, me recordaba a sus ojos. Realmente ella era la razón por la que me había convertido en aventurero de fortuna. Más bien, su ausencia. Tras su muerte por la tuberculosis algo en mi interior había cambiado. ¿Cómo era posible que hubiese muerto por una enfermedad como aquella? Meses después había sido casi erradicada con el descubrimiento de una planta encontrada en aquella misma selva. Aquel terrible lugar albergaba grandes tesoros para la ciencia y la técnica.

ilustración planta gutapercha

Cuando el zumbido llegó a su máximo volumen, apareció en mitad del río algo muy extraño. Era como un inmenso tronco tallado con extraña forma que expulsaba humo blanco por uno de sus extremos. La superficie de aquella cosa brillaba de forma mágica.

Anohue contuvo el miedo tal como le había enseñado en las largas jornadas de caza. Respiró hondo y observó detenidamente a su presa. Sobre la superficie del monstruo, había un hombre sentado con una enorme barba que se llevaba a la boca un pequeño cuenco transparente.

Era exactamente el rostro que había visto durante la conversación con los ancestros. Ellos le enseñaron las terribles desgracias que esperaban a su pueblo  por culpa de ese hombre.

Sabía lo que tenía que hacer. Tensó su arco al máximo y apuntó con la flecha envenenada exactamente al cuello de su presa. Estaba muy lejos pero no podía fallar. Soltó lentamente el aire de su pecho y la flecha salió silbando directamente al cuello de su presa que quedó silenciosa e inmóvil con un reguero de sangre que tiñó de rojo su blanca camisa de lino.

Anohúe sonrió. Lo había conseguido. Sus ancestros estarían orgullosos de él. Quizá algún día sería elegido jefe de la tribu. A su lado, en la rama un racimo de frutos azules llamó su atención. Cogió uno y lo saboreó despacio.

Mr. M. Lanch, agosto de 2017

 

Con motivo del Día Internacional de los pueblos indígenas, el grupo Steampunk Madrid convocó un reto literario sobre retrofuturismos en la que un pueblo indígena fuese protagonista. Este relato fue mi aportación. Puedes leer todos los relatos en la web del grupo Steampunk Madrid: http://steampunkmadrid.blogspot.com.es/

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